Poesía» Las travesuras de la tijera. Liliana Cinetto
Poesía» Las travesuras de la tijera
En el costurero ayer
protestaba un alfiler:
—¡Qué traviesa es la tijera!
todo, todo cortajea.
—Miren cómo me ha mordido,
dijo un hilván descosido.
—Con sus dos ojos me espía
mientras corta todo el día,
la acusó un metro de tela
bordado con lentejuelas.
—A mí me tiene cansada,
dijo una cinta enojada.
—La tijera es una bruja,
gritó ofendida una aguja,
porque arruina mi trabajo
cada vez que le hace un tajo
Cuando el cierre abrió la boca
opinó que estaba loca.
—Con sus dientes afilados
está siempre haciendo estragos,
lloraba un hilo enredado
y un poco deshilachado.
Lo consolaba la lana
que tejía en la ventana.
—Yo estoy quedando muy flaco
pues me corta a cada roto,
le decía a un dobladillo
muy preocupado el ovillo.
Al centímetro pedían
que al fin tomara medidas.
Muy orgulloso, el dedal,
con su traje de metal
era el único valiente
que se ofreció a hacerle frente.
Pero entonces se enteraron
de lo que había pasado.
El chismoso del botón
asomado en el balcón
del ojal de una camisa
les dijo muerto de risa:
—La tijera impertinente
se rompió todos los dientes.
Se lastimó de este modo:
por querer cortarlo todo
quiso cortar la tijera
el cordón de aquella acera.
Y así fue que la bromista
terminó yendo al dentista.
protestaba un alfiler:
—¡Qué traviesa es la tijera!
todo, todo cortajea.
—Miren cómo me ha mordido,
dijo un hilván descosido.
—Con sus dos ojos me espía
mientras corta todo el día,
la acusó un metro de tela
bordado con lentejuelas.
—A mí me tiene cansada,
dijo una cinta enojada.
—La tijera es una bruja,
gritó ofendida una aguja,
porque arruina mi trabajo
cada vez que le hace un tajo
Cuando el cierre abrió la boca
opinó que estaba loca.
—Con sus dientes afilados
está siempre haciendo estragos,
lloraba un hilo enredado
y un poco deshilachado.
Lo consolaba la lana
que tejía en la ventana.
—Yo estoy quedando muy flaco
pues me corta a cada roto,
le decía a un dobladillo
muy preocupado el ovillo.
Al centímetro pedían
que al fin tomara medidas.
Muy orgulloso, el dedal,
con su traje de metal
era el único valiente
que se ofreció a hacerle frente.
Pero entonces se enteraron
de lo que había pasado.
El chismoso del botón
asomado en el balcón
del ojal de una camisa
les dijo muerto de risa:
—La tijera impertinente
se rompió todos los dientes.
Se lastimó de este modo:
por querer cortarlo todo
quiso cortar la tijera
el cordón de aquella acera.
Y así fue que la bromista
terminó yendo al dentista.
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