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Mostrando entradas de junio, 2020

EL QUE SE FUE Y VOLVIO- LAURA DEVETACH

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El hombrecito verde se sacudió como un perro que se despierta. Le hizo una caricia a cada pájaro, les dejó agua y semillas, habló dos cositas con los vecinos y diez con Marinés, la del telar. Y se fue. Se fue por los caminos que quedaron marcados por los matorrales cuando cambiara las cosas verdes por las cosas de colores. Caminó por los caminos caminados. También hizo caminos al andar, como dice la canción. Y fue pasando un largo tiempo de varios colores. Cuando el hombrecito volvió, lo seguían las abejas de panzas rayadas, que seguían a los azahares que estaban en el limonero, que estaba en el hombro del hombrecito, junto a una bolsa de color verde. Un limonero y una bolsa que el hombrecito dejó en el suelo con una sonrisa de alivio. Los pájaros alborotaron mientras plantaba el limonero. Sin perder tiempo empezaron a tejer nuevos nidos. El limonero se mecía con un suave sonar de abejas y hojas. La pava roja silbaba al fuego, secreteándole cosas a Marinés que la había puesto...

JACINTO- GRACIELA CABAL

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El día de su cumpleaños Julieta recibió muchos regalos: una tortuga de verdad, un títere que se llamaba Perico y una maceta con una flor colorada. Pero cuando Julieta vio a Jacinto casi se cae sentada de contenta, tanto le gustó. –¿Quién me regaló ESTO? –gritó Julieta. Como todos tenían la boca ocupada tocando la corneta o comiendo masitas, nadie le pudo contestar. Jacinto le guiñó un ojo, se subió a la torta y empezó a chuparse los confites de chocolate. –¡Esperá, Jacinto, ayudame a apagar las velas! Entonces los chicos cantaron “que los cumplas feliz” y tomaron naranjada con pajita. Desde ese día, Julieta y Jacinto fueron grandes amigos. Cuando Julieta iba al Jardín de Infantes –que es un lugar muy importante– llevaba a Jacinto en el bolsillo del delantal. Si hacía frío, Jacinto se abrigaba con las pelusas y solo asomaba la puntita de la nariz. La gente grande no lo veía a Jacinto. Los perros y los gatos y las tortugas y los pajaritos, sí. También lo veían algunos chicos: los que ...

GANAS DE VOLAR - GRACIELA VEGA

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Tengo una abuela astronauta. Muchos años trabajó en la NASA y se acaba de jubilar. Dice que quiere estudiar para chef porque antes, con todo lo que viajaba, nunca tenía tiempo para hacerse ni un huevo frito. Ahora que yo estoy más grande, le entiendo mejor cuando cuenta sus historias planetarias. La verdad es que en casa no la escuchan, creo que piensan que miente un poco. Además, a nadie en mi familia le importa si sale el arco iris en Saturno, o si nace o muere una estrella. A mí me encanta escucharla y yo también quiero ser astronauta. Por eso estoy contento de que esté más tiempo cerca y le insisto para que venga a visitarme. A veces viene pero se va enseguida. Casi siempre se enoja con mi mamá y le dice que se va a ir a Marte en cualquier momento. Siempre le escucho decir que tiene ganas de volar. Creo que se está fabricando un cohete espacial en el fondo de su casa. Eso me lo contó cuando le pregunté cómo era que se iba a ir Marte si ya no trabaja más para la NASA. Que guarde e...

LA PLANTA DE BARTOLO- LAURA DEVETACH

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Bartolo sembró un día un cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol y, cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores. Pronto la planta comenzó a dar cuadernos. Eran hermosísimos, como esos que les gustan a los chicos. Tenían tapas de colores y muchas hojas muy blancas, que invitaban a hacer sumas, restas y dibujitos. Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo: —¡Ahora, todos los chicos tendrán cuadernos! Pobrecitos los chicos del pueblo. Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribieran mucho y los fueran terminando, rezongaban y les decían: —¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen! Y los chicos no sabían qué hacer. Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó: —¡Chicos!, ¡tengo cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga! ¡Vengan a ver mi planta de cuadernos! Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediat...

NOTICIAS DE UN MONO - SILVIA SCHUJER

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EL DE ESTE CUENTO NO ES UN MONO COMO TODOS. NO PORQUE NO TENGA CARA DE MONO, PATAS DE MONO Y OJOS DE MONO, QUE SÍ LOS TIENE IGUAL QUE LOS DEMÁS. LA DIFERENCIA DE ÉSTE CON LOS OTROS MONOS DEL PLANETA SON SUS COSTUMBRES: ODIA LAS BANANAS Y ADORA LEER EL DIARIO. DECIR QUE ESTE MONO DETESTA LAS BANANAS ES APENAS ALGO, PERO NO TODO: TAMPOCO LE GUSTAN LAS GALLETITAS QUE LE TIRAN LOS CHICOS CUANDO VISITAN SU JAULA, NO ACEPTA NUECES PELADAS, NI LECHUGA, NI TOMATES, NI MANZANAS, NI SOPA, NI GUISO, NI MILANESA CON PAPAS FRITAS. ESTE MONO COME PIZZA Y NADA MÁS. DECIR QUE ESTE MONO SOLO SE ALIMENTA DE PIZZA ES APENAS UN DETALLE. LO QUE MÁS LLAMA LA ATENCIÓN DE SU CONDUCTA ES OTRA COSA: SU PASIÓN POR LEER EL DIARIO. LA PASIÓN DE ESTE MONO POR LEER EL DIARIO FUE DESCUBIERTA HACE APENAS UNOS MESES, CUANDO ALGUIEN OLVIDÓ UN PERIÓDICO ENTRE LOS BARROTES DE LA JAULA. DESDE ENTONCES, VER AL MONO LEYENDO SE CONVIRTIÓ EN UNA GRAN ATRACCIÓN. PERIODISTAS, FOTÓGRAFOS Y PÚBLICO EMPEZARON A VISITAR EL ZOOL...